2.22.2010

¿Qué vas a hacer por tu vida hoy?

La pregunta golpea inquisidora como respuesta a una situación real nada aparente “hay cosas incompletas” o bien, ausencia de significados. Retomo el ¿para qué? que estudié en el 2009 y recuerdo algún ABC, alguna suerte de guía invisible a la naturaleza miope de mis ojos. De repente recuerdo: los ojos son prescindibles, mejor aún, la ceguera superficial motivará aquellos sentidos oprimidos.
Sentada en el café llegan a mi las voces de los presentes ausentes –inversores, operaciones, clientes, autos, ropa, mina, yo- pero mas me distrae el pensamiento continuo en el rostro dubitativo de aquel que busca quebrar el cristal cada vez mas humedecido por la lluvia que cae. Voltea el subsuelo del cuerpo “todos, absolutamente todos, estamos buscando” quizá ciegos con ojos bien atentos, quizá haciendo videncia de malabares a oscuras. Es exactamente lo mismo. Quién se posicione en un escalón superior acaba de descender dos, ese aparente ascenso interviene en la humildad del hombre. La humildad entendida como genuina ingenuidad. Digo, un niño es ingenuo frente a todo lo que ignora; un adulto ingenuo, es un adulto humilde frente a su ignorancia parcial, frente a todo lo que conoce, lo que cree que conoce y lo que sencillamente ignora. Tiene la grandeza en la visión, la sabiduría de observar sin emitir un juicio de valor.
¿Qué vas a hacer hoy por tu vida? ¿Recordás la formula de la felicidad o necesitas repetir a modo de mantram todo aquello que te hizo bien? ¿Cuánto tiempo tarda el cuerpo en memorizar la frecuencia molecular de la dicha, o mejor aún, cuanto tarda el alma en recordar su originaria rata vibratoria de perfección?
Ciertos días siento que perdí algo, me enfrento a la búsqueda inherente del ser y de pronto el sol se presenta como declaración de Dios.
Debo recordar ciertas cosas, hasta ciertos conformismos que obraron de respuesta a un mundo finiquitado, abandonado por todos sus habitantes, pero destruido por sus propios arquitectos e ingenieros. Tengo que responsabilizarme por mi plan de escape. La verdad es que mi camino es el resultado de las decisiones tomadas, al final, en este preciso instante, trazando cada letra, estoy decretando el futuro que se me presenta tan incauto, tan, tan… en vano.
Las sensaciones se precipitan y es extraño no desdibujar las sombras. Algo comienza a fluir con un curso natural, como una fuerza obrando desde algún más allá. Siempre imagine este momento y de repente este momento no es otro que aquél dónde ansié un después. Aún los sentimientos se confunden y distraen con emociones y, la perdida reaparece como propuesta. ¿La perdida de qué? No lo sé. Pero busco en cada rostro un éter conocido, re-conocido, sí, sí, aprendido por mis manos, por mis átomos diseñando un jeroglífico descifrable solo por mi.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me gustó mucho, no pude evitar soltar ciertas sonrisas cómplices, qué bueno que puedas escribir así! besotes Lörch

Maximiliano dijo...

Yane,

Hace mucho que no escribías y la verdad no pude dejar de sentirme identificado con lo que escribís.A mi también me parece incleible la capacidad que tenes para hacerlo.

EXPLOTALO! BESOS